Viaje a la Grecia clásica: Del monte Athos a las Termópilas – Antonio Penadés

Hay libros que, únicamente viendo su título, ya sé que me van a encantar. Es el caso del nuevo libro de Antonio Penadés «Viaje a la Grecia clásica: Del monte Athos a las Termópilas», sólo con el título me hubiera tenido en el bolsillo pero si además uno sabe que es la continuación de «Tras las huellas de Heródoto» que tanto disfruté hace unos años, como en aquella ocasión caballo ganador una vez más.

En aquel viaje Antonio recorrió Jonia siguiendo los pasos del ejercito de Jerjes en su camino hacia la Hélade, ahora continua el viaje ya en tierras de la Grecia continental, en un nuevo viaje en solitario de dos semanas y otra vez en coche, aunque esta vez Clío no veló por sus pasos.

De Alexandrópolis a las Termópilas

Partiendo de Alexandropolis , el viaje le llevará a recorrer los grandes escenarios de la campaña de Jerjes contra las polis griegas durante la Segunda Guerra Médica hasta culminar en las Termópilas, no es posible acabar en un sitio más mítico. He disfrutado mucho las visitas de Antonio a los sitios arqueológicos, lugares que disfruta con la pasión de quien sabe lo que está viendo y quienes pisaron allí antes que él. Sus furtivas visitas a Abdera y Estágira (en ambos casos llegó cuando ya estaba cerrado), me recordaron a la visita de Mark Twain a la Acrópolis en 1867 aunque en el caso de Antonio fueron menos accidentadas que la del ácido autor norteamericano.

Sin duda es un privilegio poder estar en los mismos lugares que vieron nacer a tantos autores griegos clásicos, por ejemplo estar en el mismo lugar en que Hegemon de Tasos invento la parodia, en la ciudad que vio nacer a Aristóteles o contemplar la llanura donde se libró la batalla de Filipos que supuso el fin de la República romana. La verdad es que prácticamente cada lugar de Grecia tiene un hecho mítico que rememorar.

Refugiados

Una de las partes más interesantes del libro y que sin duda marcaron el viaje del autor fueron sus visitas a los campos de refugiados sirios (o a lo que quedaba de ellos). Ya en Kavala entró en contacto con refugiados, gente que como Heródoto tuvo que salir huyendo de su tierra para salvar la vida.

Junto a Johnny, un inglés que trabaja para una ONG sueca, estuvo en lo que queda del campo de refugiados de Idomeni, sin duda una de las últimas vergüenzas de Europa. La memoria humana es muy mala, pocos recuerdan que no hace tanto los europeos trataban de huir de sus países de origen para intentar salvar la vida. Ya lo dijo Heródoto «Nadie es tan estúpido que prefiera la guerra a la paz; en está, los hijos sepultan a los padres, mientras que en aquella son los padres los que sepultan a los hijos.»

En el Monte Athos

Saliendo un poco del leitmotiv del viaje, Antonio tuvo el privilegio de visitar el Monte Athos y poder dormir en el Monasterio de Iviron. El Monte Athos es uno de los lugares más sagrados para los cristianos ortodoxos y no es fácil entrar en él, hay que solicitar el Diamonitirion (el permiso para poder entrar) con bastante antelación. Un lugar al que las mujeres tienen prohibido el acceso y en el que parece que el tiempo se ha detenido.

Muy interesantes los capítulos dedicados a la vida en el monasterio. En esas páginas asistimos junto a Antonio y a otros visitantes como él a ceremonias que se llevan celebrando de la misma manera más de diez siglos. Un lugar también en el que hacer amistades profundas como la que hizo con Sergei, un letón londinense que coincidió con él en el monasterio.

Monasterio de Iviron
Monasterio de Iviron

De camino a las Termópilas

Dejando atrás el Monte Athos retomará el camino hacia las Termópilas pasando por Olinto, Tesalonica con su pasado turco y sefardí, Potidea, donde tuvo lugar una famosa batalla durante las Guerras del Peloponeso donde combatieron Alcibíades y Sócrates, Pella, la isla de Eubea y hasta al Ninfeo de Mieza, el lugar donde Aristoteles instruyó al joven Alejandro Magno y varios de sus generales allá por el año 343 a. C. Visitamos varias tumbas macedonias entre ellas la de Filipo II en Vergina, en cuyo teatro cayó asesinado a manos de Pausanias.

El viaje y el libro concluirán ya en las Termópilas, a los pies de la estatua de Leónidas. En las últimas páginas reviviremos los hechos que llevaron a los 300 espartanos que allí dejaron sus vidas a grabar su hazaña con letras de oro en la historia, nunca una derrota fue tan importante. Sin las Termópilas no hubieramos tenido Salamina o Platea, como dijo Montaigne «estas victorias, bellas como ninguna otra que haya visto el sol, no osarían oponer todas sus glorias a la de la derrota del rey Leónidas en las Termópilas».

Todo está en los griegos

Para los apasionados de la historia como yo, la lectura de un libro como este te reafirma la conclusión de que la Grecia clásica está en el principio de casi todo y que siempre un griego formuló muchas de las cosas que han acompañado a la humanidad durante los últimos milenios, para muestra un botón; decía Tucídides hablando de la actuación de los lideres políticos durante las guerras civiles que tuvieron lugar en su época que:

«Cambiaron incluso el significado normal de las palabras para adecuarlas a su interpretación de los hechos. La audacia irreflexiva pasó a considerarse valor fundado en la lealtad a la facción política, la vacilación prudente se consideró cobardía disfrazada; la moderación, una máscara para encubrir la falta de hombría, y la inteligencia capaz de comprender las cosas, incapacidad para la acción. Los vínculos políticos llegaron a ser más fuertes que los de sangre, ya que no se constituían con vistas al beneficio público sino al margen del orden instituido y al servicio de la codicia. La causa de todos los males era el deseo de poder inspirado por la codicia y la ambición y de estas dos pasiones, cuando estallaban las rivalidades políticas, surgía el fanatismo. Los jefes de las facciones de las distintas ciudades, recurriendo a la seducción de los programas, se granjeaban una recompensa ellos mismos sin moralidad alguna. Y los ciudadanos que estaban en una posición intermedia caían víctimas de alguna de las dos facciones, ya fuera por no colaborar en la lucha o por envidia de su supervivencia.»

¿no os recuerda algo?

El gran Heródoto de Halicarnaso todavía da para mucho, así que espero sinceramente que Antonio Penadés siga recorriendo los mismos caminos que él recorrió hace tantos años y nos lo siga contando en libros que seguro que me tendrán en el bolsillo desde el título.

Viaje a la Grecia clásica: Del monte Athos a las Termópilas - Antonio PenadésViaje a la Grecia clásica: Del monte Athos a las Termópilas – Antonio Penadés
Almuzara
Año 2020 – 400 páginas
ISBN-10: 8418089857
ISBN-13: 978-8418089855

 

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