El Eider común (Somateria mollissima) es una anátida marina que habita en las costas del norte de Europa (me salió la vena ornitóloga). Utiliza su plumón, increíblemente ligero y con una capacidad de aislamiento térmico excepcional, para proteger sus nidos y ayudar a que sus huevos soporten la dureza del clima. Ese plumón se ha recolectado manualmente durante siglos para fabricar edredones; de hecho, de ahí procede la palabra inglesa eiderdown.
En El lugar de las mareas, James Rebanks, escritor y pastor inglés, nos lleva hasta una remota isla noruega para conocer a Anna y a las últimas mujeres que mantienen la antigua tradición de recoger este valioso plumón. Una historia sobre un oficio en vías de desaparición, pero también sobre un paisaje extremo, la relación con la naturaleza y una forma de vida que se resiste a desaparecer.
Una novedad de Capitán Swing que nos lleva hasta los confines del Ártico y que me parece una lectura muy interesante para empezar el otoño.
Os dejo como es habitual más información.
Una tarde, hace muchos años, James Rebanks conoció a una anciana, Anna, en una remota isla noruega. Vivía y trabajaba sola en un pequeño afloramiento rocoso, cuidando de patos éider salvajes, ofreciéndoles un refugio seguro para que anidaran y recolectando su plumón. El suyo era un oficio centenario que en su día había enriquecido a hombres y mujeres, pero que llevaba mucho tiempo en declive. Aun así, ella resistía. De vuelta a casa, Rebanks no podía dejar de pensar en la mujer de las rocas. Era feroz, como de otro mundo, y, sin embargo, extrañamente familiar. Pasaron los años, pero la sensación y el recuerdo persistían y un día, azotado por la soledad y una crisis existencial, le escribió una carta preguntándole si podía volver. «Trae ropa de trabajo —le respondió ella— y buenas botas, y ven pronto: mi salud está fallando». Y así viajó hasta los confines del Ártico para ser testigo de su última temporada en la isla. Esta es la historia de esa temporada, de un paisaje único y ancestral, y de la mujer que le devolvió la vida. Traza el recorrido de su trabajo, desde el duro y aislado esfuerzo del crudo invierno hasta la euforia de la luz interminable del verano, cuando las aves dejan atrás su precioso plumón y, por fin, se puede recoger, como pepitas de oro. Poco a poco, Rebanks comprendió que esta mujer y su mundo no son lo que él había pensado, y lo que comenzó como un viaje de huida se convierte en una extraordinaria lección de autoconocimiento y perdón.